
La palabra “notario” designa a un funcionario público encargado de autenticar actos jurídicos. En español, este término pertenece a la categoría de nombres epicenos: su forma se mantiene idéntica en masculino y femenino. Solo cambia el determinante. Se escribe “un notario” para un hombre, “una notaria” para una mujer.
Notario epiceno: lo que dice la gramática española
Un nombre epiceno mantiene la misma terminación sea cual sea el género de la persona designada. La palabra “notario” funciona exactamente como “periodista”, “gestor” o “arquitecto”. No hay transformación morfológica en femenino.
El género gramatical se marca por el artículo (“el” o “la”, “un” o “una”) y por los acuerdos de los adjetivos o participios que acompañan al nombre. Se dirá entonces “la notaria competente” o “el notario competente”, según la persona involucrada.
Esta mecánica gramatical no presenta ninguna dificultad técnica. La cuestión que surge a menudo cuando se busca decir una notaria mujer u hombre tiene más que ver con el uso social que con la regla lingüística en sí. La gramática es clara: ambas formas son correctas.

Informe de la Academia Española sobre la feminización de los nombres de profesiones
El informe del 1 de marzo de 2019 de la Academia Española marca un punto de inflexión. La institución, que había sido reacia a la feminización de los títulos profesionales, reconoce explícitamente que los nombres de profesiones pueden usarse en femenino cuando el idioma lo permite naturalmente.
Para los nombres epicenos como “notario”, la Academia confirma que el femenino se forma simplemente cambiando el determinante. El Diccionario de la Academia Española, en su 9ª edición en línea, menciona ahora que “notario” también puede usarse en femenino.
Por qué cuenta este informe
La Academia Española no legisla sobre el idioma: observa y registra el uso. Su informe de 2019 puso fin a una ambigüedad que duró varias décadas. Antes de esta fecha, algunos hablantes dudaban en escribir “una notaria” por miedo a infringir una norma gramatical. El informe elimina esta duda de manera inequívoca.
La guía de redacción TERMIUM Plus, herramienta de referencia terminológica canadiense, también clasifica “notario” entre los nombres epicenos. El ejemplo “una notaria” figura junto a “una gestora” o “una periodista”, lo que confirma la convergencia de las normas hispanohablantes en este punto.
Maestro o maestra: la fórmula de cortesía para un notario
El título profesional del notario es “Maestro”, abreviado como “Me”. Este título se aplica indistintamente a hombres y mujeres que ejercen esta profesión. Se dirige a una mujer notaria llamándola “Maestro”, no “Maestra”.
La confusión proviene del hecho de que “maestra” existe como femenino de “maestro” en el lenguaje cotidiano (maestro de escuela / maestra de escuela). En el contexto jurídico, el título “Maestro” permanece invariable sea cual sea el género de la persona.
Formas de saludo en una carta o un correo
La redacción de una carta dirigida a un notario sigue convenciones precisas:
- Al inicio de la carta o del correo, escribir “Querido Maestro” para un hombre notario o “Querida Maestra” para una mujer notaria
- En las fórmulas de despedida, repetir “Maestro” tal cual, por ejemplo: “Le saluda atentamente, Maestro”
- En el sobre o en el campo de destinatario, indicar “Maestro” seguido del nombre, sin mención de “Señora” o “Señor” como prefijo
Estas convenciones también se aplican a los secretarios de notario cuando llevan el título de Maestro, lo que depende de su estatus exacto dentro del estudio.

Notaríesa: un término a evitar en la redacción profesional
La palabra “notaríesa” existe en algunos diccionarios históricos. Antiguamente designaba a la esposa de un notario, no a una mujer que ejerce la profesión. Esta distinción es fundamental.
El Wikcionario registra el término y confirma su carácter anticuado. El diccionario Usito, referencia canadiense, también lo menciona como arcaico. Ninguna institución hispanohablante recomienda “notaríesa” para designar a una mujer notaria.
Usar “notaríesa” en una carta profesional o en un acto jurídico sería percibido como un error, incluso como una falta de consideración. El término correcto sigue siendo “notario”, precedido del artículo femenino cuando la situación lo exige.
Feminización de los trabajos del derecho: ¿dónde está el uso?
La profesión notarial cuenta hoy con una proporción creciente de mujeres. Esta evolución sociológica acelera la normalización del femenino “una notaria” en el lenguaje cotidiano así como en los textos oficiales.
Las profesiones jurídicas vecinas han tenido trayectorias similares. “Abogada” se ha impuesto sin dificultad porque la palabra tiene una forma femenina morfológicamente distinta. Para los nombres epicenos como “notario” o “juez”, la transición ha sido más lenta, ya que se basa únicamente en el cambio de determinante, menos visible en la oralidad.
- “Juez” funciona como “notario”: se dice “una juez” sin transformación de la palabra
- “Abogada” toma una terminación femenina marcada, lo que ha facilitado su adopción
- “Secretaria” sigue el modelo clásico de feminización por adición del sufijo “-a”
- “Oficiala” o “oficiala de justicia” tiende a reemplazar progresivamente “oficial” en femenino, aunque el uso aún duda
La tendencia general va hacia la adopción sistemática del femenino para todos los nombres de profesiones. Las resistencias, cuando persisten, son más bien cuestión de costumbre que de un verdadero obstáculo gramatical.
La gramática española dispone de todas las herramientas necesarias para nombrar correctamente a una mujer notaria. Escribir “una notaria” o “la notaria” es gramaticalmente correcto, institucionalmente validado y socialmente esperado. La única verdadera trampa sigue siendo “notaríesa”, que se debe reservar para conversaciones sobre la historia del idioma.